Otro mes más me meto a concursar en materia de abogados. 150 palabras como máximo con cinco obligatorias que me han traído de cabeza: pandemia, meneo, ADN, solventar y pradera. Y, como de costumbre, me he bilocado en dos estilos que ya concibo como una doble personalidad. Al principio mantuve mi estilo tirando a macarrónico (el que me rechazan por principio) por prurito y orgullo, y creé el otro (el que cuela) que, sin traicionarme, es más condescendiente con los gustos del jurado.

Pero hoy he dado una vuelta de tuerca a ambos estilos y me he sentido cómodo con los dos: ni el primero es ácido, ni el segundo pelota. Al final tendré que buscarme otra identidad para este segundo estilo; una tirando a femenina.

Por cierto, empiezo con mi otro yo. Llamémosle el de «Agatha Presley»:

LA VERDAD ESTABA CANTADA

Abandonó la sala orgullosa; la cabeza levantada y un suave taconeo que, no obstante, quedó retumbando en todos los oídos. Su declaración había sido demoledora y emotiva, a pesar de su lucha por contener los sentimientos que la embargaban. La resolución quedaba en manos del tribunal, pero ella lo sabía y el ADN lo confirmaba: su hijo tenía un padre. 

Algo más tarde salió su abogada dirigiéndole una sonrisa esperanzadora y ambas afrontaron las preguntas de la prensa, haciendo caso omiso de los empujones y meneos por obtener la exclusiva. La ciega confianza que tenía en la letrada no quedó defraudada cuando acertó a solventar el trámite periodístico con un alegato sobre la paternidad responsable y la creciente pandemia machista. 

En su cabeza, María Dolores Pradera: «devuélveme mi amor para matarlo, devuélveme el cariño que te di; tú no eres quien merece conservarlo, tú ya no vales nada para mi».

Elvis Christie / Agatha Presley

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