Segundo relato sobre abogados para mayo. Como decía en la otra entrada, mi estilo macarrilla ha dado un pequeño giro, desviando la atención de la figura del letrado pero sin dejar de meter el dedo en el ojo. Homenaje a Lombroso, cuya mención expresa en el relato me ha parecido excesivamente forzada. Quien no sepa de quién se trata es porque no pertenece a la profesión o estudió poco en su día.

DEFENSA PRECOZ

—Papá, ¿qué es una pandemia?

—Una enfermedad que ataca a la mayoría de los individuos de un grupo o lugar —respondió el interpelado a su hijo, que hacía los deberes tirado en el suelo. En su «pradera», como solía decir.

—¿Y un corrupto?

—Un político que se aprovecha de su cargo para ganar un dinero al que no tiene derecho.

El niño continuó ensimismado en sus tareas y su padre se lo quedó mirando intrigado. Se agachó y lo sacudió con un ligero meneo.

—¿A qué vienen esas preguntas?

—Estoy haciendo un trabajo sobre el ADN.

El padre no pudo reprimir la risa cuando realizó las conexiones lógicas.

—¿Vas a ser genetista para solventar el problema de la corrupción? —preguntó sin poder evitar cierta sorna.

—No. Voy a ser abogado defensor —afirmó rotundo—. Es una cuestión de predeterminación e inimputabilidad.

—¿Defensor de políticos?

—No, papá: de la sociedad. Por elegirlos.

 Elvis Christie

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