Con los mismos elementos que el anterior relato y un título gemelo (pero con diferentes matices), éste fue el segundo relato que consideré para el concurso del CGAE de abril con las palabras «argumentario», «correlativo», «litigar», «premura» y «mentecato». Me decanté por el otro porque éste no pasa de un chiste, aunque me constan casos reales que superan la ficción.

ENREDADO EN EL VIENTO

—Tiene la palabra el denunciante.

—Aqueste mentecato ha herido mis sentimientos más que mis carnes atizándome en la testa con mi preciado laúd, Ilustrísima. Solicito se le imponga con premura una condena ejemplarizante.

—¿Pero usted oye, Señoría, cómo habla? Y mire cómo va, vestido de tuno —dijo el aludido—. 36 años y continúa en segundo de Derecho. Todo el día con los Clavelitos esos. Poco le he hecho a este hijo mío.

—Débil argumentario es ése, señor padre. Debería hilvanar sus alegaciones ordenadamente, de forma correlativa.

—¡Basta!: Absuelto.

—Pero Marta…, quiero decir Señoría: ¿cómo puede ignorarme así? ¿Acaso no recuerda su bella merced la cinta que bordó para mi capa años ha?

—¡ANTONIO! Teníamos veinte años y éramos compañeros de clase. Considérate afortunado porque no te requiso el instrumento. Sal de aquí y no vuelvas por mi sala si no es para litigar como abogado… Si terminas la carrera.

Elvis Christie

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