Como ya es costumbre, en el concurso de microrrelatos sobre abogados del CGAE mando un segundo relato bajo otra identidad empleando un estilo más apropiado al gusto blandito del jurado, apelando a los nobles sentimientos de los mejores exponentes de la profesión. Para febrero de 2017 (con las palabras biblioteca, olvido, privilegio, confianza y collar) he mandado el siguiente e-mail de una abuela a su nieto, abogados ambos. Ni me planteo la duda de si será seleccionado: sé que lo será, que ya me conozco la pata coja de sus señorías.

ASUNTO: Re: No te lo cambio.

Querido compañero y nieto:

 Leo orgullosa tu correo electrónico contándome lo bien te va ejerciendo la abogacía con las modernidades que ahora tenéis para trabajar sin despegaros del ordenador: Nubes, Internet, Lexnet… ¡Qué privilegio! Y qué diferencia con nuestros tiempos.

 No olvido cuando acudía varias veces por semana al Colegio de Abogados a consultar la jurisprudencia y la legislación actualizadas. Pocos se podían permitir comprar todos aquellos volúmenes (¡en papel!) y debíamos pasar más tiempo en la biblioteca que en el despacho.

 Yo solía llegar la primera con mi lista de lo que tenía que estudiar. Lo hacía como durante la carrera, acariciando las cuentas del collar mientras leía. Luego llegaban otros compañeros, compartíamos dudas y experiencias y hasta nos tomábamos unas cervezas al terminar. Mis mejores amigos los hice entonces.

 En confianza: ¿queda hoy algo de esto?

 Un beso de la abogada y abuela que más te quiere.

Elvis Christie

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