No tengo ningún feeling con el jurado del CGAE. Parecía que en agosto buscaban relatos frescos y desenfadados, con las palabras “nuez”, “toalla”, “carpeta”, “llave” e “incidente”, y allá que me lancé de nuevo… para volver a quedarme en puerto. No hay manera. En fin, siempre me quedará este blog para que vean la luz.

PÁNICO ESCÉNICO

El abogado se mira en el espejo del baño de los juzgados: está sudando copiosamente. Deja a un lado la carpeta, se moja la cara y se seca con la toalla. Vuelve a mirarse y traga saliva, la nuez oscilando arriba y abajo. Respira profundamente varias veces y asiente. «Vamos allá», se dice.

Procurando mantener el sosiego recién recuperado se dirige a la sala. Es consciente de que se trata de la comparecencia más difícil de cuantas ha tenido. Abre lentamente la puerta, casi deseando que estuviera cerrada con llave, y entra. Todos los asistentes se giran hacia él mientras avanza hacia el estrado. El juez mira su reloj y le lanza una mirada de reproche.

—Perdón. Un pequeño incidente sin importancia —se excusa.

—¿Estás bien, cariño? —pregunta la mujer de blanco a su lado.

—Sí. El desayuno, supongo —contesta mirándola con ternura—. Te quiero. Sigamos con la boda.

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