En mayo de 2016 tenía que hacer un relato sobre abogados con las palabras “genérico”, “trigo”, “renuncia”, “asentimiento” y “ligar” para el concurso del CGAE. El primer borrador que preparé fue éste pero enseguida quedó descartado cuando me vino la inspiración con «Jaque al Rey».

LA IMPORTANCIA DE UN NO

Me hice cargo de aquel caso porque por entonces no se me permitía una renuncia, a pesar de que el cliente no me pareció trigo limpio.

Es un típico asunto de abusos sexuales —me había dicho el jefe del despacho al entregarme el expediente—. El tipo salió a ligar, conoció a la denunciante, fueron a su casa y, según la versión de ésta, abusó de ella; sin embargo el cliente sostiene que había mostrado su asentimiento a las … ejem … «relaciones».

En mis entrevistas con él quedé convencido de su culpabilidad. No obstante, realicé mi trabajo de manera impecable y resultó absuelto por falta de pruebas con ese genérico relato de los hechos.

Pero ella había dicho «NO», aunque a su agresor no le importó y lo demás no la creyeron.

Y yo debí decir «NO» porque a mí sí me importaba, aunque los demás me aplaudiesen.

 

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